LA FRASE DEL DIA

LA FRASE DEL DÍA:

Si no esperas lo inesperado no lo reconocerás cuando llegue.
Heráclito de Éfeso




sábado, 6 de febrero de 2010

El chivato

No es que me interese particularmente la política. Como a todos, más o menos. Pero es que me lo están poniendo a huevo.

Hay un personaje en Cataluña, un tal Santiago Espot que debió tener una infancia difícil en el cole, y eso fue forjando su personalidad actual. Ya sabéis que en cada clase había algún niño que no caía especialmente bien y que solía ser el foco de todas las injusticias. Y él, en venganza, pues solía ser el chivato del profe.

Este tal Santiago (Santi, para los amigos) es el presidente de Catalunya Acció y se enorgullece de que su "entidad independentista" ha denunciado al menos a tres mil empresarios catalanes que no habían rotulado sus negocios en catalán. ¿Es o no un chivato? Vamos, que va haciendo amigos por el mundo. Pues están las cosas para los pequeños y medianos empresarios como para que, encima, les venga algún cantamañanas de este pelo y les denuncie porque en su rótulo, en vez de poner "Finques Nevot" pone "Fincas Nevot". El país de las libertades...

Claro que, teniendo en cuenta que su entidad también apoyaría al Sr. Laporta (presidente del F.C.Barcelona)como presidente de La Generalidad, pues no hay mucho más que añadir. Bueno, si. Agradecer, en nombre de todos los españoles, sus tranquilizadoras palabras: "el día que seamos independientes, la única lengua oficial será el catalán, pero no habrá persecución: al castellanohablante no se le pondrá en un campo de concentración." Gracias, majo.

viernes, 5 de febrero de 2010

Otros tiempos


Hoy iba a hablar de dos generaciones consecutivas, los JASP y los NINIS. Pero la censura ha actuado y, de la publicación inicial, sólo os voy a mostrar la conclusión:

“Pero si me dan a elegir entre un JASP y un NINI, NI me lo pienso. ¿Y tú?”

Y ahora, podría hablar del tiempo… Pero no. Voy a volver al carnaval. No, no me voy a repetir, tranquilos. Estaba hablando esta tarde con un amigo, bastante más joven que yo, y no os podéis imaginar la cara que ha puesto cuando le he dicho que, cuando éramos pequeños, el carnaval estaba prohibido. Y que, más adelante, a finales de los setenta, fue el entorno universitario el que comenzó a reunirse en torno a la Plaza Mayor y celebrar el entierro de la sardina, y a disfrazarse con lo que tenía a mano (enfrentándose al poder establecido). Que era una fiesta pagana y que no estaba nada bien vista por los sectores más conservadores de la sociedad (que por aquel entonces eran casi toda la sociedad).

Nuestros jóvenes no saben la suerte que tienen de vivir en una sociedad como la nuestra, con sus virtudes y sus defectos. Y eso que, los de mi generación, tampoco nos podemos quejar, ya que sólo vivimos los coletazos de una época de represión.

jueves, 4 de febrero de 2010

Promesa electoral


Hoy os voy a hablar de Fernanda Valencia. Y, si no eres colombiano, te preguntarás ¿y esa quién coño es? Pues te lo voy a contar.

María Fernanda Valencia es colombiana, tiene cuarenta y dos años (de mi quinta), tres hijos y fue viceministra de Turismo en el anterior gobierno de Samper. Ahora es candidata a la Cámara de Representantes de Colombia por el partido de la U. Bueno, hasta aquí no hay nada que llame especialmente la atención, ¿no?

Pues escribo sobre María Fernanda porque ha sido noticia en su país. ¿Por qué? Porque se aproximan las elecciones generales y ha prometido que, si consigue un escaño, se desnudará para la revista SOHO. Como podréis ver en la foto, la mujer todavía está de buen ver y más de un colombiano está pensando en cambiar su intención de voto…

Me pregunto si es lícita esta promesa electoral, o por lo menos ética (ya os digo que asociaciones feministas, sectores conservadores y demás se han puesto en pie de guerra contra ella). Pero a mi no me parece tan mal. Por lo menos es una promesa que, si sale elegida, podrá cumplir. Estoy harto, hartísimo, de promesas que nos hacen nuestros políticos “serios” y políticamente correctos, que luego son incapaces de cumplir.

Así que, querida María Fernanda, si fuera colombiano, tendrías mi voto asegurado. Pero cumple, ¿eh?

miércoles, 3 de febrero de 2010

En tiempos de crisis


Es curioso ver cómo determinadas situaciones agudizan el ingenio del ser humano hasta límites insospechados.

Me estoy refiriendo a la actual crisis y a las diversas actitudes que tomamos cada uno al respecto. Sirva como ejemplo el llenazo que se puede observar estos días en grandes superficies dedicadas al “hágaselo usted mismo”. Uno llama al fontanero (o cerrajero, o persianista, o quien sea) y, cuando le da el presupuesto piensa… “esto lo puedo hacer yo”. Y ahí empieza su perdición.

Ya es malo mostrar tus “habilidades” con el brico (porque esto es todo empezar y luego ya no puedes soltar la taladradora ni queriendo). Pero encima, te metes en un berenjenal del que ya no puedes salir. Porque, si hay que cambiar una persiana, por ejemplo, pues la cambias. Pero… ¿mereció la pena estar “empantanao” toda la mañana, parte de la tarde, cortarte en dos dedos, ir tres veces a la ferretería,… para que luego encima alguien diga que chirría un poco al subir? Que para algo existen persianistas, hombre.

Y, por favor, quitemos esa cara de “pardillos” que vestimos alguno cuando estamos mirando la estantería donde están TODOS los enchufes del mundo, menos aquel que estoy buscando. Se nos nota demasiado que estamos perdidos. Así nos volvemos vulnerables.

Menos mal que algunos se lo toman mucho mejor. Incluso se rebelan ante la situación. Un aplauso para el usuario de Facebook que ha creado un grupo al que ha llamado: “Hasta los sesenta y siete años va a trabajar tu puta madre”. Me encanta y ya tiene mi adhesión.

martes, 2 de febrero de 2010

La sociedad de la comunicación


Debe ser que he perdido soltura en esto de expresarme por escrito. O eso, o que el síndrome de la página en blanco se ha apoderado de mí. Por que tampoco quiero escribir lo primero que se me ocurra, que no quiero aburrir a mis escasos lectores.

Qué difícil se ha vuelto hablar (en este caso, escribir). Todo ahora es mucho más concreto y conciso, nada de divagaciones. No hay tiempo para la conversación. Nos “comemos” la mitad de las letras de los sms para ahorrar tiempo. Hemos cambiado el email por la llamada de teléfono. Si vamos en el metro o en el autobús, nos ponemos los auriculares para no tener que interactuar con el resto del mundo… En la sociedad de la comunicación, cada vez estamos más incomunicados.

A mí me sigue gustando desayunar fuera de casa, en la cafetería, donde te encuentras con fulanito o menganito. Y esos diez o quince minutos en los que estás conversando, de las cosas más tontas a veces, me “cargan las pilas” para el resto del día. No sé, me siento en el mundo. Después, al ordenador, a internet (no “al internet”, por favor), a encerrarme de nuevo en esa burbuja de comunicación. Porque sí, con internet tenemos todo a un paso, pero nos aleja tanto de otras cosas…

Me gusta quedar con mi gente y divagar sobre tal o cual película, sobre el último libro leído o sobre los problemas familiares (ufff). Y necesitamos bien poco, la verdad (hombre, un buen malta en la mesa ayuda, digamos, a soltar la lengua, pero tampoco es imprescindible). Y son esos momentos los que nos hacen sentir vivos, los que no cambiaría por nada y los que me animan, muchas veces, a compartir con todos vosotros estas cosas que se me pasan por la cabeza.

No soy muy amigo de dar consejos pero, la próxima vez que al devolver una cadena de emails te acuerdes de “pepito”, llámale y queda con él a tomar una cerveza (o un café) y sal, aunque sea por unos breves instantes, de tu burbuja de comunicación.

lunes, 1 de febrero de 2010

Carnaval, carnaval

Si os digo que las cosas han cambiado desde que éramos pequeños pensaréis que no os estoy descubriendo nada nuevo. Y tenéis razón. Pero es que han cambiado hasta en las cosas más absurdas. Me explico.

Que hablemos de internet, de los móviles, de los ordenadores, las videoconsolas (que son de nuestra generación, ¿eh?), de las teles de plasma o de los TDT y de lo imprescindibles que se han vuelto para nuestras vidas (para algunas más que para otras), pues no tiene mucho sentido. No me refiero a estos avances tecnológicos.

Estoy hablando de cosas más, no sé, cotidianas. Por ejemplo, los disfraces (que ahora los tengo cerca…). Cuando éramos pequeños siempre había un tío o abuela que, para reyes, nos regalaba un disfraz. Y si pongo una lista de, digamos diez, seguro que coincidimos en dos o tres que todos hemos tenido: torero, futbolista, mosquetero, Daniel Boone, pirata, payaso… Además, tampoco había mucho donde elegir. ¿Cuántos de estos tuviste? Seguro que más de uno.

Y aquí es donde quería llegar. A los organizadores de fiestas escolares o eventos municipales (fiestas de carnaval y demás) se les “ha ido la pinza” definitivamente. Ahora se les ocurre disfrazar a los niños (en Madrid, oiga) de baturros o pamplonicas para la fiesta del día de los abuelos. ¿Qué van a representar? ¿Van a hacer un encierro en el salón de actos del colegio? O los que quieren disfrazar a una clase de guardería de pintores, pero que no vayan iguales… ¡Pues tú me dirás! Como no les cambiemos la paleta de color. Y ¿de qué va la función? Es que no entiendo nada.

Y eso sin hablar de los que vienen buscando disfraces para ellos mismos. ¿Tienes un disfraz de punky? ¡Un disfraz de punky! Pero vamos a ver. Busca una camiseta rota, desteñida, las botas de la mili y te pintas el pelo de verde.